Operación Madonna:
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El año 2006 la revista chilena Blondie nos contaba toda la negociación tras el intento fallido de traer a Madonna a Sudamérica con el Confessions Tour, acá la nota completa:
Miami, 22 de julio de 2006. El empresario argentino responsable de las venidas de U2 y The Rolling Stones a Sudamérica, Daniel Grinbank, estaba en la penúltima reunión con el manager de Madonna para extender la gira “Confessions Tour” a la región del cono sur para este año. Tras dos años de negociaciones, que tuvieron su momento peak mientras ocurría el Mundial de Fútbol de Alemania (cuando la prensa brasileña incluso publicó que la diva bajaría en octubre para venir), el productor estaba confiado. Todo indicaba que el radiante contrato se iba a sellar: tres shows en Brasil, uno en Argentina y otro en Chile. Las estadias ya estaban sentenciadas, las promociones hechas y el tramo final para traer a la diva había llegado.
Grinbank, que en esos minutos estaba en contacto con sus socios Carlos Geniso, representante de DG medios Chile y Luis Oscar Niemeyer, su símil brasileño, le presentaba ahora al emisario de Madonna la manera y condiciones para que la diva recorriera el territorio. El empresario necesitaba llevar una respuesta concreta a sus socios. La oferta era que si Madonna quería venir con su familia, sus dos hijos, su marido, sus empleadas y sus amigos, no había problema. Una mansión o casa de campo serían arrendadas y acondicionadas para ella en cada una de las ciudades donde iba tocar. Que si la diva prefería hacer todo corto: venir, cantar y partir, también era posible, porque en la industria local existe la capacidad técnica y humana para ello. Que si se le antoja además a la reina del pop no tener contacto con prensa ni paparazzi, obvio, eso se infiere con los megastrellas.
Oferta hecha entonces, carpetas cerradas, apretón de manos, sonrisas, halagos y un escueto “espere nuestra respuesta final”.
Según testigos, Grinbank salió contento de esa reunión. De hecho, antes que terminara el Mundial de Alemania (9 de julio), el rumor entre productores era que finalizando el tramo de conciertos agendados oficialmente por la diva (proyectados por esos días hasta mitad de agosto) se conformarían los shows. Sin embargo, semanas más tarde el ánimo cambió.
La industria echó por tierra todo cuando nadie recibía respuesta de la reina del pop. No decía que sí, tampoco que no, y más encima, mantenía su elevado cobro original: 3,2 millones de dólares. Un número extremo que dejaba a los auspiciadores locales con la soga al cuello. En total se debían reunir 16 millones de dólares para que Madonna accediera a pisar con su show por el cono sur. Los empresarios locales imaginaron un acuerdo para cerrar la gira. Pero hay impresiones de la industria internacional lolita que explican que Madonna cobró esos números cuando no quiere seguir viajando. Todos apuntan a que la diva es realmente la jefa de sus negocios. Ella es quien maneja todo personalismo y dirige a su eficiente equipo de trabajo.
El director de Warner Music, Oscar Sayavedra no quiere referirse a las negociaciones que ocurren en estricto secreto, pero sí explica el perfil de la artista que forma parte del sello que él dirige: “Tiene 48 años y ya no está para esforzarse más. Ella pactó su gira por tramos. Primero con más de 20 fechas en Estados Unidos y luego otras 20 en Europa. Creo que su trabajo hoy depende de un asunto familiar”. A lo que se refiere el ejecutivo, y sacando cuentas, es que por persona 12 o 13 millones de dólares (una cifra mejor para la industria local), la cantante no va a sacrificar 15 días con su familia.
Con todo ese panorama, los empresarios y los auspiciadores se enfrascaron en la difícil tarea de sacar cuentas con lo que había. Pero los ojitos dejaron de brillar, que si bien el vuelco iquique se estimaba ocurriría con un show de Madonna el negocio no beneficiaba a nadie. De un día para otro Madonna había desistido de venir. Marcas de bebidas y multitiendas locales lamentaron el desenlace de la historia, pues ninguna (hasta el cierre de esta edición) pudo ofertar su parte de lo que se pedía por su show en Chile. El estadio Nacional de Santiago fue descontrolado y la papelería de afiches y flyers ya no eran necesarios.
La prensa seguía especulando con la confirmación de Madonna, mientras la diva iba completando su tour por Europa. En realidad, Madonna, la dueña y señora de sus negocios, prefirió saltar de Sudamérica esta vez. De hecho, las últimas novedades terminaron armando el puzzle: Madonna adoptó un niño en África (ver recuadro), justo en la misma fecha que barajaba rotar por Sudamérica.
Desesperados por ella
Hace dos años, cuando al interior de la industria se proyectaba una nueva gira de Madonna la oferta viajó rápidamente a Sudamérica. La multinacional DG Medios era la más interesada y con capacidad para gestionar la venida. Una serie de menciones fueron agendadas. Casi al estilo Warner Music primero, con la empresa representante para Sudamérica de Madonna la disputa (William Morris Agency), con los auspiciadores más importantes de Chile y visitas entre las tres sedes de la empresa de megaservicios. Había que diseñar la venida del espectáculo que más dividendos propinó este año para una mujer: 193.7 millones de dólares y 1,2 millones de espectadores. Había que programarse muy bien, pues ese negocio iba en paralelo a las giras de U2 y The Rolling Stones de 2006 (que iban pasando por Sudamérica: Rolling no vino a Chile).
Los empresarios de DG Medios fueron a Londres a ver el show (donde se presentó entre el 1 y el 16 de agosto). Era un viaje de negocios, convidados por la agencia que organizaba su gira. La invitación auguraba un buen negocio aún. Mientras tanto, la prensa argentina entusiasmándose de que Madonna iba a imitar la crucifixión de Cristo. El descontento de ello fue el final para Madonna en Sudamérica. Luego del último show ofrecido en Tokio (20 de septiembre pasado), Madonna envió un comunicado tras tal batahola y dijo: “Es un segmento de mi show que no es una mofa de la iglesia. Es algo que no se diferencia con el hecho de que alguien use una cruz como dice la Biblia. Mi actuación no es anticristiana, ni un sacrilegio o blasfemia. Más bien es un ruego al público para que todos los seres humanos nos ayudemos”.
Ese comunicado cortó cualquier el final del negocio. Una vez que la cantante habló, quedó de manifiesto que el tour “Confessions” se acababa. En Santiago daban por hecho que Madonna no seguiría viajando. Y que sin decir que no, había decidido no venir. Y más: según involucrados indirectos en las negociaciones de la marca oficial, frontal a la venida de Madonna, comentan que no faltó el auspiciador cuyo argumento sobre el dinero a invertir, que la reina del pop “atrae mucho a la iglesia” y que en realidad “ya está pasada de moda”, sobre todo por “estos escándalos”.
Al cierre de este reportaje, todavía existía un leve rumor en los esferas menores de la industria de conciertos que todo se había levantado otra vez, que para febrero había una fecha disponible, que el estadio Nacional estaba reservado. Pero nada oficial. Y como la incertidumbre sobre una venida de Madonna a Chile es gigante, sólo DG Medios pudo descartarla: “No. No hay nada, nada”, fue el escueto desmentido.























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